Por Eduardo Joel Espinoza Sosa *
La sociedad ha reconfigurado su brújula de admiración.
Atestiguamos la celebración eufórica de la figura viral, del ganador de la telerealidad, cuya única credencial es su capacidad de generar visibilidad. El aplauso masivo se dirige a quien domina la atención, no a quien aporta la solución.
Mientras las calles se llenan para festejar el éxito efímero, los verdaderos constructores de valor pasan inadvertidos: la ingeniera que optimiza la cadena de suministro, la administradora que garantiza la seguridad patrimonial, el investigador que logra un avance médico o la docente que forma al futuro.
Los datos indican que la métrica social se ha degradado. El valor ya no se mide por el impacto tangible, sino por el alcance instantáneo.
El mérito profesional (certificaciones, experiencia profesional, gestión de sistemas combinados) requiere esfuerzo intelectual para ser entendido, valorado. El entretenimiento de bajo esfuerzo, por contraste, ofrece una gratificación emocional inmediata y sencilla. El rayo de sol de la atención no busca el fruto nutritivo; prefiere el cristal brillante que deslumbra sin alimentar, sin servir.
¿Debería esto avergonzarnos? No. Debe advertirnos.
La cultura del espectáculo ha normalizado la primacía de lo irrelevante. Nuestro deber, como profesionales disciplinados y de especialización, no es denigrar a la figura viral, sino amplificar con doctrina la imagen de la utilidad social.
Debemos hacer que el esfuerzo, la estrategia y la ética laboral sean tan atractivos como el drama de la pantalla. De lo contrario, seguiremos confundiendo la popularidad con la trascendencia.
La fama es un vapor, la utilidad social es el motor.
El aprendiz continuo se pregunta, ¿qué acciones concretas podemos impulsar en nuestros entornos profesionales para que el mérito y la especialización recuperen su estatus como pilares de la admiración colectiva?

*Eduardo Joel Espinoza Sosa es originario de San Andrés Tuxtla, donde cursó sus estudios básicos hasta ingresar a la academia militar, donde hizo destacada carrera.
Actualmente es un profesional en Seguridad Corporativa y Gestión de Riesgos con más de 25 años de experiencia en entornos militares y corporativos. Posee sólidas habilidades de liderazgo, demostradas al haber tenido bajo su mando a equipos de hasta 100 personas y gestionar sistemas de seguridad integrales. Sus certificaciones CPP® y PMP®, junto con su formación en ingeniería, administración y auditoría en Sistema de Gestión Integrado (SGI), lo convierten en un activo estratégico para organizaciones que buscan minimizar riesgos y optimizar sus [email protected]