✒️Columna Por la Libre | Por Edgar Pucheta.
Bastaron poco más de cuatro meses para que el encanto se rompiera en Catemaco. Hoy, el gobierno municipal no solo enfrenta un bache administrativo; vive una auténtica crisis de credibilidad. La figura de Manuel Eduardo Toscano, que alguna vez prometió un cambio, luce desgastada, debilitada y con niveles de aceptación que caen en picada. La realidad es terca, las demandas sociales y las promesas de campaña siguen en el tintero, mientras que los señalamientos por opacidad, mala administración y el encubrimiento de abusos internos comienzan a ahogar a Palacio Municipal.
La gobernabilidad en Catemaco pende de un hilo, y no por factores externos, sino por heridas autoinfligidas. Las fracturas en el cuerpo edilicio son un secreto a voces; rupturas que, se rumora, el alcalde ha intentado sanar a golpe de dádivas y acuerdos bajo la mesa. Sin embargo, el sol no se puede tapar con un dedo. La postura de la síndica, quien desde el primer día de protesta marcó una muy visible distancia con el munícipe, es la prueba fehaciente de un gobierno que nació dividido. Catemaco tiene hoy un gobierno ausente, decisiones erráticas y un «alcalde turista» más preocupado por la foto que por la nula promoción de obra pública en su propio municipio.
⚫100 días: De protagonistas a espectadores
Mientras la mayoría de los alcaldes del estado de Veracruz y de la región de Los Tuxtlas aprovecharon sus primeros cien días de gestión para presumir obras, acciones y cercanía social, el caso de Manuel Eduardo Toscano fue diametralmente opuesto. Durante el primer trimestre, los catemaqueños no vieron un informe de resultados de su líder; lo vieron como un invitado más en los eventos de los municipios vecinos como el de San Andrés Tuxtla, donde ni vergüenza tuvo de asistir como invitado a escuchar avances sabiendo que él no tenía algo así para presumir. Toscano prefirió aplaudir logros ajenos antes que rendir cuentas de los propios.
El fracaso también se trasladó al motor económico de la región: el turismo. La derrama económica brilla por su ausencia y ni la presencia de la actriz Anette Michel logró levantar el evento del primer viernes de marzo. El colmo del descaro ocurrió cuando el propio alcalde, ante el evidente fracaso de su festividad, prefirió huir al vecino municipio de Santiago Tuxtla. Allá la afluencia fue mayor, no por el tamaño del espectáculo, sino porque se apostó por la identidad, la mística y la raíz olmeca. Manuel Eduardo está siendo sistemáticamente superado por sus homólogos vecinos y, de manera insólita, parece no importarle acudir a sus eventos a exhibir que ellos sí saben trabajar.
El argumento de que «por ser de oposición se nos castiga» o que «las finanzas estaban quebradas» ya no se sostiene. El discurso se desgastó. La sociedad reclama inversiones transparentes, pues los supuestos gastos millonarios en beneficios para Catemaco simplemente no se ven reflejados en las calles.
⚫Negocio familiar e improvisación social
Este colapso no es un simple problema de relaciones públicas o una mala estrategia del departamento de comunicación social. El mal es de raíz, desde el día uno el Ayuntamiento se ha manejado con la lógica de un negocio familiar. Para nadie en Catemaco es un secreto que el destino del municipio se decide en una mesa donde solo se sientan tres personas: Manuel Eduardo Toscano, su hija (actual presidenta del DIF) y su yerno. Si van a privatizar el poder público como un patrimonio familiar, por lo menos deberían inyectarle los valores de honor y progreso que pongan en alto su apellido.
La falta de respeto a la ciudadanía se maquilla con improvisación. El colmo de la desconexión social ocurre este 15 de mayo. En pleno Día del Maestro, el Ayuntamiento ha decidido celebrar… el Día de las Madres. El 10 de mayo no es una fecha nueva en el calendario; posponer de manera masiva un festejo tan sagrado para los mexicanos demuestra que la planeación no existe.
⚫El escándalo policial: Explicación no pedida, culpa aceptada
Por si fuera poco, la gota que derramó el vaso ha sido el sistemático encubrimiento del alcalde a los abusos policiales, bien documentados a través de videos que casi cada fin de semana se vuelven virales en redes sociales, mostrando a los elementos intimidando o deteniendo con violencia tanto a turistas como a ciudadanos. La crisis tocó fondo el jueves 14 de mayo a las 7:40 horas, cuando agentes ministeriales y de la SSP detuvieron en su propio domicilio a uno de los mandos policiacos señalados por estos atropellos, a quien además se le relaciona por un presunto parentesco con el propio alcalde; captura que detonó un cateo coordinado en la comisaría municipal. La respuesta del Ayuntamiento fue torpe y tardía: emitieron un comunicado casi ocho horas después en el que, extrañamente, se apresuraron a destacar que no se encontraron sustancias ni nada ilícito en las instalaciones. Llama la atención que el gobierno municipal se defienda de algo que ninguna nota periodística sugería ni señalaba, cumpliendo a la perfección el viejo bache del dicho popular: «Ante una explicación no pedida, hay una culpa aceptada».
⚫El «Maestro» del engaño
Ya que la agenda municipal decidió empalmar las efemérides, resulta sumamente oportuno aprovechar este 15 de mayo para reconocer a Manuel Eduardo Toscano, pero como el «Maestro del engaño». Prometió el cielo y la tierra, y hoy entrega un municipio estancado y un tejido social profundamente fracturado.
Ya ni sus gastadas frases de «Mi gente bonita», «Mis queridos catemaqueños» y toda esa parafernalia de coaching personal que nadie le pidió, le sirven de nada a Manuel Eduardo Toscano para recuperar simpatías. Hablarnos del «fruto de la grosella» o de que «va a desayunar huevitos y un café» no distrae a nadie de su alarmante falta de oficio administrativo y político.
Cambiar al jefe de prensa o contratar al mejor redactor de boletines del extranjero no servirá de nada. Los textos bonitos no pavimentan calles ni generan empleo. La sociedad catemaqueña ya ha visto pasar demasiados colores y siglas de gobierno; no es tonta ni manipulable, y ya no se conforma con la simulación de una fotografía en redes sociales.
La decepción ya rebasó el termómetro digital y hoy se mudó a las calles, a los mercados, al día a día. Hoy, el sentir popular de los catemaqueños se resume en una frase lapidaria que ya se escucha de boca en boca: “Estábamos mejor cuando decíamos que estábamos peor».
💬Agradezco sus comentarios.


